Normalización-LGTB-en-Espana

A punto ya de acabar el siglo XX, la normalización LGTB en España termina por consolidarse. Los años que transcurren entre el 95 y el 99 ven aparecer otro aluvión de nuevas asociaciones y organizaciones del movimiento LGTB, así como importantes avances en materia legislativa, el nacimiento de los primeros barrios Gay, e incluso un diputado (posteriormente candidato a Presidente de la Generalitat Catalana) sale del armario.

En el terreno legal, en 1995 la Audiencia Provincial de Barcelona emitió una sentencia pionera en el estado: reconocía a un homosexual (por vez primera) el derecho a recibir una indemnización por la muerte en accidente de su compañero sentimental, al constatarse una relación de pareja de hecho. La sentencia de la Audiencia de Barcelona supuso un salto adelante para la normalización LGTB en toda España, pues al poco tiempo las audiencias de Gipuzkoa, Mallorca y Málaga dictaron sentencias en el mismo sentido.

En 1998, el Parlament de Catalunya volvió a erigirse en pionero al aprobar una ley inédita en todo el Estado, la denominada Ley de Uniones Estables de Pareja. Se trató de la primera vez en España que se regulaban los derechos de las parejas de hecho, tanto heterosexuales como homosexuales. Esta ley reconocía derechos como el de la pensión de viudedad, los permisos retribuidos, la asistencia sanitaria o la pensión alimenticia, entre otros. La legislación catalana se convirtió en el referente para muchas otras comunidades autónomas: un total de 13 aprobaron leyes similares, lo que supuso consolidar legalmente la normalización LGTB en España.

El movimiento asociativo se mantuvo muy activo durante la segunda mitad de los 90. En 1995, Jordi Petit, activista fundador de la Coordinadora Gai Lesbiana de Catalunya, es elegido secretario general de la International Lesbian and Gay Association (ILGA), cargo para el que será reelegido y que ocupará hasta 1999. Durante su secretariado, la ILGA fue recibida, por vez primera, por el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos.

Si en los 70 y 80 proliferaron asociaciones del colectivo con un marcado perfil político, a finales de los 90 se produce una eclosión de asociaciones focalizadas en ámbito mucho más diversos, como consecuencia del proceso de normalización LGBT en España. En 1995 se funda AMPGIL, la Asociación de Madres y Padres de Gays, Lesbianas, Trans i Bisexuales, la primera asociación de padres y madres que se apoyan mutuamente para comprender las realidades de sus hijos e hijas y para ayudarles en la lucha por sus derechos. En esos años también se crea Sin Vergüenza, una asociación para jóvenes universitarios gays, lesbianas, trans y bisexuales que buscaban su plena integración en la comunidad estudiantil.

En 1999 se forma el Grup d’Amics Gais, asociación que organiza todo tipo de actividades para el colectivo: talleres, debates, conferencias, excursiones, video-forums… Ese mismo año también nacen Panteres Grogues, que tiene por objetivo la normalización LGBT en el deporte, ofreciendo un espacio en el que gais, lesbianas, transexuales y bisexuales puedan practicar deporte de forma libre y distendida. Institucionalmente hablando, también se progresó en el proceso de normalización LGBT en España. Miquel Iceta, que en 1999 era diputado socialista por Catalunya, se convirtió en el primer político de España que hacía pública su homosexualidad.

En el plano cultural, el Casal Lambda prosiguió con su línea de trabajo enfocada a la organización de actividades en dicho ámbito. En 1995 organizan la primera edición de Fire! Muestra Internacional de Cine Gay Lésbico, que fue la primera de este tipo que se organizaba en España. Por otra parte, en 1997 aparecía la revista Nois, una publicación gratuita, dirigida al público gay y que, al contrario que las otras revistas orientadas al colectivo y publicadas hasta entonces, no surgía de una asociación.

Pero el hecho que contribuyó, sin lugar a dudas, a amplificar la visibilidad del proceso de normalización LGBT en España fue la aparición de los primeros barrios gays. A mediados de los 90, Barcelona y Madrid asisten al florecimiento del Gaixample y de Chueca respectivamente. Ambas ciudades reproducen lo que ya ha ocurrido en San Francisco, con el barrio de Castro, o en Londres con Old Compton Street: las pequeñas concentraciones de bares gays acaban por convertirse en epicentros de la vida LGBT. Así, además de locales de ocio, aparecen nuevos comercios y servicios orientados al público gay, al tiempo que parte de la comunidad LGBT se muda al mismo lugar.