Movimiento-Gay-en-Espana-en-los-90

Los años 90 llegaron a Barcelona con un halo de modernidad. La ciudad estaba a punto de acoger unas olimpiadas que se convertirían en su carta de presentación al resto del mundo. El movimiento gay de los 90 no fue ajeno a aquella modernización. Todavía quedaban muchos asuntos con los que lidiar, el VIH/SIDA aún seguía causando estragos, pero el colectivo LGBT se situaba cada vez más cerca de conseguir sus objetivos. No en vano, los 90 serán una década crucial para la normalización de la Comunidad Gay en España.

La lucha contra el SIDA seguirá marcando las acciones del movimiento gay de los 90. De hecho, la pandemia se estaba cebando con la comunidad Gay y Barcelona se encontraba inmersa en una preocupante situación. En este contexto, en 1991, se creó el 900 Rosa, un teléfono gratuito de información sobre el VIH y de apoyo a las personas LGBT del Estado. El 900 Rosa permaneció activo hasta 2013, año en que el servicio fue cancelado. Los recortes aplicados por el Gobierno durante la crisis, acabaron con una iniciativa del movimiento gay de los 90 que contaba con 25 años de experiencia a sus espaldas y que se había convertido en un servicio de referencia.

Ese mismo año, se forma el grupo Gais Positius. Se trataba de un grupo formado únicamente por gais seropositivos que se apoyaban mutuamente, tratando de lidiar con las pocas expectativas de vida que albergaban y con la retahíla de duelos que tuvieron que enfrentar. De hecho, fue la primera asociación de apoyo mutuo que hubo en España. Cabe recordar que la visibilidad de los seropositivos en aquellos años era nula. Incluso la comunidad gay era reacia a integrarlos.

En 1994, Gais Positius se constituye finalmente como asociación y prosigue con su tarea para lograr una mayor visibilidad de los seropositivos y para normalizar su situación, no sólo entre la sociedad en general sino también entre la comunidad homosexual. Actualmente, sigue siendo la única asociación en España integrada solamente por seropositivos. A partir de 1994 organizará, dentro del Plan Nacional delo SIDA, encuentros de Gays Positivos de toda España.

Poco antes se había fundado la ONG Projecte dels NOMS-Hispanosida, que tenía como objetivo visibilizar la enfermedad entre la sociedad y apoyar a las personas afectadas. En 1994 organizaron el primer Memorial Internacional del Sida, que se sigue celebrando en la actualidad y se ha convertido en el principal acto en recuerdo de los millones de vidas que el VIH se ha cobrado.

Por otra parte, Barcelona acogió la conferencia internacional de la International Lesbian and Gay Organisation (ILGA) en 1993. A este Congreso acudieron más de 200 delegados de otras tantas organizaciones LGBT internacionales, que pusieron el foco en la intolerancia de algunos países hacia la homosexualidad y en el racismo. Convertirse la sede de este encuentro internacional fue una victoria más del movimiento gay de los 90 a la hora de marcar la agenda política de partidos políticos a instituciones

El 1991 se fundó también ACGIL, la Associació de Cristians Gais i Lesbianes, que actualmente siguen en activo. Este grupo trabajará por la normalización de gais y lesbianas en el seno de una de las instituciones que más beligerantes se ha mostrado contra la comunidad LGBT: la Iglesia. Su principal reivindicación es que su fe y su orientación sexual deberían poder vivirse con naturalidad tanto en la sociedad como dentro de la Iglesia.

Pero a pesar de los avances logrados por el movimiento gay de los 90, el asesinato de Sonia Rescalvo reavivará viejos fantasmas. A finales de 1991, la transexualidad seguía marginada en el conjunto de la sociedad Española. La noche del 6 de Octubre de aquel año, un grupo de skinheads de ultraderecha se colaron en el Parc de la Ciutadella, zona de cruising durante las noches en Barcelona. Allí se encontraron a dos transexuales que dormían al raso, Sonia y Dori, y les propinaron una brutal paliza, propinándoles patadas en la cabeza con sus botas de puntera de hierro. La violencia fue tal que acabaron con la vida de Sonia. Se trataba del primer asesinato de un transexual por el mero hecho de serlo (o el primero del que se tiene constancia).

Aquella tragedia supuso un punto de inflexión tanto a nivel legal – a la hora de tratar los crímenes de odio en Barcelona – como para el colectivo transexual y la lucha por sus derechos.